TULIO MENDOZA BELIO
Y LA CARNE DE LA POESÍA*
Tulio Mendoza Belio ha escrito uno de los más bellos libros de poesía -de poesía más vibrante- que yo haya tenido la suerte de leer en los últimos años. “En tu hermosa materia” se titula, y consiste de muy hermosa materia poética, aunque la materia que en verdad le importa al autor, o al “hablante lírico”, o simplemente a los hermosos versos, es la materia humana. La carne humana. Carne que puede admirarse, contemplarse, examinarse, desde numerosos puntos de vista, y que aquí es abordada en tanto epítome de la belleza y objeto del deseo.
Poesía de extraordinaria sensualidad, fina como la de Kavafis y quizá más elocuente, es a la vez y sin embargo extraordinariamente espiritual, una paradoja de repercusiones incluso metafísicas que constituye uno de los encantos del libro. Se diría que hay un intento -y si lo hay, logrado- de evocar o invocar la contundencia material del roce de la carne con la carne, pero desde la abstracción radical de la conciencia; es decir, un despertar la rotundidad del llamado de la carne, en los espacios ideales del alma y la memoria. Una muestra y no la primera de ello está en que los cuerpos de estos poemas no alcanzan a ser tan concretos como para resolverse en género, ni lo necesitan, y es otra magia del poeta que tampoco el lector lo necesite: el placer de los sentidos en la carne y el placer de la conciencia en la belleza le son provocados tal vez con más fuerza a causa de no residir ni en un ella ni en un él.
Los mentados placeres se despliegan, representan, desencadenan en el lector, con la plenitud propia de la satisfacción que causan, con toda la “felicidad” que involucran mientras están siendo disfrutados, pero también con la nostalgia y aun melancolía que infligen: esa parte igualmente hermosa del placer, pero triste... El poeta sabe, aquí, que es inseparable de los mejores placeres no sólo su fugacidad, sino cierto dolor inherente a tal fugacidad...
Y por eso los versos de Tulio Mendoza Belio, hablando del gozo y del triunfo de la materia humana, pueden y suelen terminar causando un punzante pesar, un dolor como el de un aguijón dorado hundiéndose en el corazón de la carne.
El placer de la carne hermosa, que quizá sea la feliz comedia de la vida, está aquí amasado en una misma cosa con la materia del tiempo, que bien puede ser la tragedia de la vida.
Si, como dijo el antiguo, el hombre es la medida de todas las cosas, aquí tenemos de ellos una persuasiva demostración.
Por otra parte, estas percepciones poéticas tan robustas como delicadas se manifiestan, no podría ser de otro modo, en un lenguaje de la más pura cepa, exquisito, perfecto, que fluye a la par de la belleza de su asunto, sorprendiendo siempre con una palabra inesperada que detona el placer estético en el lector...
Tulio Mendoza Belio, no hay duda, es de los poetas que están escribiendo la mejor poesía de Chile.
Carlos ITURRA
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*Estas palabras, en una primera versión, fueron publicadas en: Revista “Tu Tiempo”, Diario EL SUR de Concepción (Chile), Año 14, N°689, pág.14, sábado 27 de enero de 2007, y aparecen como presentación en la segunda edición del libro En tu hermosa materia (Ediciones Etcétera, Concepción, Chile, 2008; ISBN: 978-956-7821-35-8; primera edición: 2005).
PALABRA PREVIA*
Tal vez no haya nada como tocar un cuerpo. No hay herida en el placer, acaso palabras para la fugacidad y la duración, el auxilio de una presencia conmovedora que llega desde la materia ancestral de lo que llamamos sagrado; luz oscura, eso hay, sombras detrás de los árboles. Un cuerpo es un libro, leerlo es asunto relacionado con las densas músicas del deseo. Luego el amor elige sus máscaras, hace ver al ciego, alumbra la travesía de sus náufragos. Lo que sabemos es aire, una retórica de la mirada sobre las rosas pútridas, una complicidad con el acabamiento.
Entra entonces la noche, entra la belleza en su único peligro, seda y esparto, espejos de lo mismo. De poco vale el oro puntual, la quietud del detalle, la página del acontecer; amar es huida, un espejo para la semejanza de los audaces. Nunca error, sino juventud de los orígenes; nunca distancia, sino proximidad en la separación. Así el matrimoniaje entre la poesía y la seducción, un énfasis en lo secreto, una atmósfera radicalmente opuesta a la memez romántica de la realidad.
Tulio Mendoza desconstruye la apariencia de los opuestos, y en eso consiste el género de la contemplación, el oficio del solitario que cambia de sitio la sintaxis de lo previsto. Su hacer, su sed de lo otro, es ausencia, pero una ausencia visible, retrocedida, portátil como las lámparas que iluminan la verdad contra la alcoba única del miedo. Contra el miedo a desear está escrito este libro, contra el teorema vulgar de lo demostrable, contra las trampas del ojo embustero del saber donde siempre suena la flauta de lo consciente.
Desobecer el teatro polvoriento de las ritualizaciones, acariciar las duda entre el tú y el yo con los dedos usurpados al demonio arqueológico de los bienpensantes, saciar la pregunta. Los poemas de este libro de Tulio son las huellas de lo plural, sueños sin jaula, pájaros en fuga de las redes del anillador del deseo.
No existe otro enemigo del cuerpo que la moral mentirosa que lo niega, la que borra su diferencia única e irrepetible del paraíso de los diálogos. Habla esta poesía desde los escándalos del insomnio, es decir, desde la disidencia y su dicha, habla su celebración desde la ética del encuentro, desde la lucidez irrefrenable de su amistad con las desnudas tempestades del arte. Verdad y belleza, la casa del habitante imaginario y más solar de la noche, el poeta, ese individuo entre individuos, zumbándole en la oreja a las estrellas. Tulio Mendoza ha puesto voz a los personajes del cine mudo de la vida, él mismo se ha convertido en memoria de otros cuerpos, en el exacto azar de ese resplandor armónico que son sus poemas, las sílabas que EN TU HERMOSA MATERIA cantan invencibles ya sobre la muerte.
Juan Carlos Mestre
Madrid, Agosto de 2005.
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*Esta Palabra previa aparece como presentación en la primera y segunda edición del libro En tu hermosa materia (Ediciones Etcétera, Concepción, Chile, 2008; ISBN: 978-956-7821-35-8; primera edición: 2005).
PALABRAS DEL POETA
JUAN CARLOS MESTRE*
Amigo Tulio, “Sólo una cosa no hay. Es el olvido.”, escribió Borges, el prodigioso ciego huésped de Babel. Bien quisiera estar hoy ahí contigo, en esa asamblea de ángeles impuros y amigos que te celebran. Así¬ que estoy, como lo he estado siempre a la izquierda de tu corazón, en el acero inolvidable de aquellos años en que la fundación de tu amistad me salvó, nos salvó a todos, de la precariedad y la diáspora y su ominoso silencio. Tulio era la lámpara, Tulio era la casa de huéspedes de todos los náufragos, Tulio era en aquella oscuridad el sastre de las mariposas, el muchacho que escribía con tiza en la pizarra del cielo la fórmula de la nieve. Yo no recuerdo a Tulio, yo vivo en Tulio como vive lo imprescindible, lo que es digno, lo que sana y es aire de imaginación en la conciencia perdurable de la libertad de los hombres. Yo he venido a darle las gracias, es decir a recordar por si hiciera falta, que Tulio es la necesidad, el fervor de lo generoso, la casa abierta de la poesí¬a. Con él aprendí¬ a sonreí¬r en época de lágrimas, aprender a ser libres -escribió Cervantes- es aprender a sonreí¬r, y él fue la biblioteca de esa emoción en las largas noches en que ardían los libros. Si recuerdo a Tulio, si nublado ahora por las lágrimas, le mando el abrazo de relámpagos que no tiene a esta hora el cielo de Madrid, es porque todas las noches futuras del mundo se parecerán para siempre a aquellas otras noches del Nuria, nuestra iglesia de los ratones celestes, a aquellas otras noches en el Taller de la Cascada, cerca de los pájaros del llanto, la logia de los ebrios en la Sociedad de los mágicos del Lorenzo Arenas, de la casa de Angol, del Rincón Campesino, la patria que era entonces el jardín de Margarita Kurt y su cedrón sagrado, el patriarca Jorge Mendoza Enríquez y sus dedos de piano sobre las teclas blancas de la eternidad. Tulio hací¬a que todo fuera posible, que amaneciera en medio de la noche, que saliera el sol azul de los videntes los dí¬as nublados. Con él celebramos el cumpleaños de los árboles, con él conspiramos contra la mediocridad de la muerte, junto a él desobedecimos los decretos que injurian la dignidad de los hombres. Tulio nos enseñó otro evangelio, el de la violetas y los rí¬os que desembocan en la memoria de lo bello. Porque si la belleza es verdad y la verdad es belleza, Tulio fue la verdad en medio de la gran mentira de aquel siglo que terminaba. Su poesí¬a era la llave que abrí¬a las puertas, el pañuelo de los desesperados, la sábana con estrellas de los amantes.
Querido Tulio, eso es la poesí¬a, lo que eres tú y lo que fuiste y lo que seguirás siendo, palabras civiles para después del tiempo, palabras para la memoria del universo. Yo te abrazo, yo te traigo un collar de ruiseñores y peces de colores enhebrados por el arcoiris, yo pongo ahora, como homenaje, en tus manos, la palabra más bella, la más imprescindible, la que una vez me diste y guardaré siempre, mi idolatrado poeta, como único tesoro. Aquí¬ está, tiene cinco letras, es la mejor que tengo: AMIGO.
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* El destacado poeta y artista plástico español, Juan Carlos Mestre, envió estas palabras por correo electrónico desde Madrid, con motivo de la celebración de los 25 años de trayectoria del poeta Tulio Mendoza Belio. El homenaje fue organizado por la Sociedad de Escritores de Chile (SECH), Filial Concepción, y el Taller Literario “Fernando González-Urízar” y se realizó en el Centro Español de Concepción, el 20 de diciembre de 2002. El discurso de homenaje estuvo a cargo del académico, artista plástico y escritor, Eduardo Meissner Grebe, Miembro de la Academia de Bellas Artes del Instituto de Chile y Profesor Emérito de las Universidades de Concepción y del Bío-Bío (Chile). Estas palabras aparecen en la primera y segunda edición del libro En tu hermosa materia (Ediciones Etcétera, Concepción, Chile, 2008, pp.71-72; ISBN: 978-956-7821-35-8; primera edición: 2005).
TULIO MENDOZA BELIO,
POETA DOCTO, POETA SUTIL
por Eduardo Meissner Grebe
Premio Municipal de Arte de Concepción
Miembro de la Academia Nacional de Bellas Artes
Profesor Emérito Universidades de Concepción y del Bío-Bío
Me he plegado, con especial entusiasmo y afecto, a estas celebraciones de Tulio Mendoza Belio al cumplirse 25 años de su labor ininterrumpida y constante en pos de los estímulos, las proyecciones, la dedicación más que consecuente al cultivo y difusión de poesía y narrativa en esta ciudad pencopolitana.
Me he permitido encabezar estas líneas con las alocuciones de poeta docto y sutil, en atención a una denominación particular a las artes poéticas de éste nuestro poeta que yo realizara en alguna circunstancia anterior.
Reitero ahora la denominación, me imagino consagrada por el especial carácter de su obra. Docto, sin duda, por la amplia cultura que posee y que brinda constantemente sus citas y oficios para su incorporación a los poemas, llenos de pronto de connotaciones múltiples, informaciones subliminales que proyectan el ámbito local de sus imágenes del mundo a un mundo siempre ancho y ajeno por cierto de sus referentes multitudinarios, y sutil, por la siempre diferenciada densidad de esas mismas imágenes, la sensibilísima manera de proponer, descubrir, lograr, introducirlas en color y sabor y sonido, en el poema.
Debo confesar al respecto, que el proceso por el cual surge, fulgurante, aquella imagen poética, resulta para mí particularmente misterioso y desconocido, producto de una extraña alquimia de trastrocamientos necesarios, por los cuales la realidad cotidiana se cambia y configura en pos de aquellas esencias intuidas, imperativas, necesarias. Y es en este estadio de porosidades y transparentaciones de la realidad en el que, aparentemente, Tulio se mueve con espontaneidad y soltura, como pez en el agua, diríamos, manejando situaciones desacostumbradas, reconociendo grados sutiles de diferenciación en el cúmulo cotidiano de sensaciones que nos rodean, cambiando perspectivas habituales para atisbar en nuestras realidades cotidianas, cualidades desconocidas, de pronto reveladas, y encontrar las palabras adecuadas para hacerlas vivir, sensiblemente, en el poema.
Su extensa producción merecería, no sólo de estos últimos 25 años, un texto extenso de poemarios sucesivos de carácter antológico, que nos permita tomar contacto con el devenir de sus motivos, sus significados múltiples, la plenitud de sus constelaciones formales, sus exuberancias significantes, la siempre renovada amplitud de sus proposiciones lingüísticas a través del tiempo.
Esperamos, expectantes, la aparición próxima de ese texto necesario.
En estos 25 años de trabajo tenaz, motivo de estas celebraciones, Tulio se ha incorporado, yo diría de manera categórica, al panorama cultural de la ciudad y de la región, desde cuyos baluartes ha proyectado su creatividad incansable al país entero. Ya forma parte de nuestro especial Parnaso de las letras y de las artes, de eso no puede existir duda alguna.
Su presencia se manifiesta fundamentalmente por sus funciones directivas en grupos que dirige, en clanes que en torno a sí aglutina, en instituciones que maneja y ha creado y ayudado a consolidar.
Así, por ejemplo, desde la dirección de la Sociedad de Escritores de Chile (SECH), Filial Concepción, que en períodos sucesivos maneja (me parece en gran parte de estos últimos 25 años), ha mantenido una dinámica constante de reuniones, simposios de especialidad, presentaciones de autores nacionales y extranjeros, comentarios. Las reuniones periódicas de la institución se han convertido, bajo su tutela, en una suerte de tertulia constante, en foro abierto y dinámico para el juego siempre nuevo de las ideas, las proposiciones de los estilos en pugna, la consolidación, aún cuando efímera, de las vanguardias.
Su Taller Literario "Fernando González-Urízar", llamado así en homenaje al poeta recientemente laureado en la región, se ha convertido en semillero de poetas y narradores, mezcla de matraz y colmena, en la que despiertan y encauzan vocaciones y se diseminan y dispersan por el mundo las imágenes de una ingeniería poética polifacética, sin duda, depositaria de un pencopolitanísimo color local.
En su taller el diálogo es permanente y son muchas las generaciones de jóvenes talentos que se han nutrido de sus experiencias en el manejo de las ideas, en la concretación necesaria de las mismas en el tejido, denso y preciso, de las palabras en el poema (en alemán, no olvidemos, el poema se identifica con el concepto de densificación o condensación -Gedicht-), construyendo, conformando, configurando, secuencias, organizando sistemas, estableciendo analogías con estructuras visuales y auditivas, convirtiendo en textos sensibles y sugerentes experiencias particulares en las cuales cristalizarán imperativos mayores.
Y aprendiendo, aprendiendo oficio.
Como editor, Tulio es incansable. Su línea editorial Etcétera, como el nombre lo dice, es de proyecciones interminables, quizás infinitas, en un tiempo indeterminado que deseamos que no termine. Recurre a todo tipo de medios de impresión, desde aquellos de multiplicaciones caseras hasta los otros, de ediciones impresas en imprentas consolidadas, desde poemarios de "cordel" hasta ediciones bibliófilas (imagino).
Está en constante multiplicación de los textos, tanto de los propios como de ajenos y su afán, aparentemente no tiene tregua...
No se podrá escribir la historia de la poesía y la narrativa pencopolitanas, sin recurrir a esos textos de Etcétera, significativos en los que, con seguridad, el genius loccui de las letras locales ha quedado prendido.
Organiza concursos literarios, dirime competiciones, promueve y ratifica talentos, despierta y encauza inquietudes.
Es presidente vitalicio y organizador consecuentísimo del concurso de poesía (y narrativa) "Dolores Pincheira", que ha ayudado a crear y mantener. en el tiempo.
Ha asumido, con fervor inclaudicable, su destino de poeta, contra viento y marea, irremediable, irreductiblemente.
No sé realmente si es lo que llaman un buen hombre, pero sí, y de eso estoy seguro, de que es un hombre bueno.
Un abrazo para ti, Tulio Mendoza Belio, en estos 25 años de oficios y peregrinaciones.
Gracias te damos por tu actitud vigilante, tu generosidad ostensible, tu carismática presencia.
Que nos sigas regalando, en un tiempo sin límites, con tus poemas densos y transidos, siempre, de un inefable y apasionado fervor.
¡Gracias te damos!
Concepción (Chile), 20/Diciembre/2002
EL POEMA SORBO A SORBO
por Marino Muñoz Lagos
Artículo aparecido en La Prensa Austral, Punta Arenas, Domingo 26 de Febrero de 2006. EN TU HERMOSA MATERIA, poemas de Tulio Mendoza Belio. Ediciones Etcétera, Concepción, 2005.
No es fácil leer de buenas a primeras a este poeta que vive y canta en la densidad de la palabra, en el propósito suyo de atrapar el horizonte y convocar a los nomos de la luz. La tarea del poeta es andar de la mano con los lectores y mostrarles sus caminos que llevan al amor a sus guaridas secretas y noctámbulas.
Ahora nos escribe la mágica esencia de tantos cuerpos que nos rodean y nos redimen en la estricta connotación que provocan sueños y mitos. Todos esperan el amor que tarda en arribar a nuestras playas desiertas, donde los oleajes preparan la música de las distancias, que no se dejan vencer por las pupilas. Pero el amor se vuelve obstinado y la espera se convierte en fábula, que su nombre ennoblece en los versos:
“Una vez cerradas las persianas, la mesa puesta,/ instalados los cubiertos, la vela roja, el rojo vino,/ las copas y la música, me recuesto,/ desnudo el torso, a esperarte./ Un perfume tenue insiste en el oro de su gracia,/ oigo su lengua reluciente/ a través de los vellos que el jeans negro/ deja ver desordenadamente./ Algo me fija la vista en un recuerdo,/ algo que tiene el calor de la tarde...”.
Tulio Mendoza Belio es un experto cazador de asombros amorosos que van de improviso a su lecho acogedor y silencioso, en cuyos pliegues alguien está por llegar, perdida mariposa. Entonces las palabras agobian el instante y hay una lucha entre el yo anhelante y el otro que guarda sus deslices.
La poesía se construye de peligros, de insinuaciones, de armas que se usan en la oscuridad de las respiraciones jubilosas:
“Que no podemos amar, ya te lo dije,/ sin mostrar un aire de torpeza.// Apenas vislumbramos el objeto apetecido,/ dispone el ánimo, sin querer nosotros,/ un leve, pero intenso, temblor de sangre,/ una sábana fresca para encantar la noche,/ un diálogo secreto,/ la música cómplice / de unos labios bebidos / bajo la luna de esta pieza./ Si el aire es azul / y una clara pasión oscura nos arrastra / y desprovisto ya el corazón de toda duda,/ decimos que sí sin pensarlo dos veces...”.
Tulio Mendoza Belio es uno de los más categóricos poetas penquistas, aunque nació en Rancagua, en 1957. Es poeta y narrador, traductor, crítico literario y dibujante de los poemas propios y de sus congéneres. Es presidente de la Sociedad de Escritores de Chile, filial Concepción, y fundador del Taller Literario Fernando González-Urízar. Dirige las Ediciones Etcétera que se dedica a imprimir los libros de los autores chilenos.
Mendoza Belio es un poeta en permanente vigilia, “en espera que se abra / la puerta del vocablo que conmueva...”.
TULIO MENDOZA BELIO: EN TU HERMOSA MATERIA
por Luis Agoni Molina
Palabras de presentación al libro EN TU HERMOSA MATERIA de Tulio Mendoza Belio.
Rancagua, 09/11/2005, Salón de la Gobernación Provincial de Cachapoal.
1. BREVE RECUERDO
Conocí a Tulio Mendoza Belio aquí en Rancagua tal vez una tarde de invierno de 1975, cuando la adolescencia aún se reflejaba en su mirada parda; su cuerpo era delgado y alto como una aspiración al cielo, y su espíritu bullía de creatividad y nobles impulsos. Un día, a pesar de ese otro invierno que arreciaba desde 1973, decidimos, junto a otros jóvenes, optar por la cultura y la belleza. Entonces formamos un grupo literario en donde casi todos eran poetas. Nos juntábamos a leer poesía y a hablar de literartura al anochecer de cada sábado en los hogares de uno u otro integrante y, a veces, también en algún café hoy desaparecido. De esas reuniones memorables y fruto de nuestros contactos con amigos de Santiago, en 1976 nació un primer y único libro de poesía titulado pomposamente Primer ceremonial, constituido por textos de cuatro integrantes del grupo. Tulio fue uno de ellos. Y de ese grupo, Tulio hoy es el único poeta de verdad; del resto nunca más se supo; al parecer han ingresado en forma definitiva a la condición de ex-poetas, absorbidos por otros quehaceres mundanos e insoslayables.
Al año siguiente, si no me equivoco, Tulio marchó a Concepción y allá terminó de formarse como poeta y crecer como tal en una carrera de intensa productividad, reconocimientos y premios.
2. CORTÍSIMA HISTORIA DEL CUERPO HERMOSO
Había una vez un adolescente que no tenía espejos en su casas, pero que cada día miraba y admiraba su cuerpo en las claras aguas de una fuente.
El mito de Narciso es, seguramente, el primer caso conocido de un joven que se enamora de la belleza de su propio cuerpo. Y no sólo él: todo el pueblo griego de la Antigüedad amaba la belleza del cuerpo. Sin embargo, eso no excusa de ser el culpable -Freud mediante- de haber iniciado el narcisismo en toda la cultura occidental.
Por su parte, otra mujer griega generó toda una guerra a causa de su belleza. Se llamó Helena de Troya e inspiró a ese aeda ciego y genial que hoy conocemos como Homero para escribir La Ilíada.
Ya en terreno español, exactamente en 1605, entra en escena otra mujer hermosa, la más hermosa del mundo, según su enamorado conocido como don Quijote. Ella es Dulcinea del Toboso, que no aparece jamás en toda la novela, pero que guía y sostiene toda la vida de su amante don Alonso Quijano.
Por esos mismos siglos, don Juan Tenorio utiliza su belleza física masculina para seducir a las muchachas del bajo pueblo. Es decir, su cuerpo es el medio y el fin de la satisfacción sexual.
Por ahí anda también una vieja alcahueta, hoy cesante, que todos llaman La Celestina, dueña de un acalorado y atractivo prostíbulo. A una de sus asiladas, su amante o aspirante a tal, le lanza el más bello piropo de ese tiempo: “¡Oh, qué gorda estás!”; ella se lo agradece conmovida y feliz.
Efectivamente, el concepto de belleza es cultural y social y también ha ido cambiando con el tiempo. Por ejemplo, hasta hace poco menos de cien años, los hombres y las mujeres chinas estimaban que la belleza de la mujer residía en los pies: si eran más pequeños, más suspiros provocaban en los varones. Y por eso sus madres se los envolvían con fuerza desde que nacían para que crecieran lo menos posible y de este modo se aseguraran un buen matrimonio.
Acá en Chile, hacia 1934, María Luisa Bombal escribe el más hermoso poema en prosa, con apariencia de novela, sobre la frustración de una mujer cuyo cuerpo no es objeto de goce por parte de su marido, a pesar de su belleza y evidentemente por falta de empeño de la misma afectada. Nos referimos a “La última niebla”.
Hoy, por desgracia, la farándula televisiva, el mal cine y la pornografía han hecho del cuerpo y de su belleza, una mercancía morbosa y degradada, despojándolo de todo misterio y poesía.
3. LA HERMOSA MATERIA DE TULIO
Con este equívoco subtítulo, quiero entrar a esbozar algunos aspectos relevantes del último poemario de Tulio Mendoza Belio, titulado En tu hermosa materia.
Para nuestra mentalidad dualística, consecuencia de dos mil años de adoctrinamiento cristiano, puede sonar a herejía o locura hablar sólo de Cuerpo y no de Cuerpo y Alma, como nos repite cada día la tradición. Más aún, esta misma tradición se ha caracterizado por denigrar el cuerpo, anularlo, culparlo de todos los pecados y males de este mundo, todo ello envuelto en una moral de dudosa autoridad. Tal vez eso se llame represión y contra la represión siempre ha existido y existirá el afán de libertad en todos los terrenos de la existencia humana.
Aquí, “la hermosa materia” de Tulio es obviamente el Cuerpo, el cuerpo humano, tanto de la mujer como del hombre, que en este libro es objeto de un conjunto de poemas donde lo canta, lo enaltece en alas de libertad, lo rescata como afirmación vital, lo establece como código de una comunicación rica y profunda, lo expone como texto de belleza poética, lo dignifica como fuente y objeto del placer, lo sensualiza como hermosura, ausencia y deseo, lo proyecta como puente que pretende cruzar al infinito...
Como se puede apreciar, Tulio Mendoza Belio se ubica casi al final de una larga tradición literaria que tiene como tema el binomio Cuerpo-Belleza. Él lo convierte en trinomio: Cuerpo-Belleza-Deseo. De esta ampliación surgirá un discurso poético renovado, rico en matices emotivos y léxicos, que intenta erigirse como fundamento de una “poética del cuerpo”, en palabras del propio poeta.
Y en este propósito no está solo; viene acompañado, por así decirlo, por otros grandes poetas con quienes dialoga a lo largo y ancho de sus poemas. Aquí están los guiños sensuales y eróticos de Gonzalo Rojas, el lirismo exquisito y conmovedor de Luis Cernuda, el fino murmullo existencial de Fernando González-Urízar, el cósmico y desgarrador grito de Vicente Huidobro, la mirada erótica e irreverente de varios poetas españoles actuales como Juan Carlos Mestre, Luis Antonio de Villena, Aurora Luque, Ana Rossetti, Isla Correyero, entre otros, incluso fragmentos de canciones de Fito Páez.
Sí, Tulio Mendoza Belio no niega que todo buen escritor es producto no sólo de su talento, sino también de sus lecturas. Y él no las oculta; al contrario, sale a escena con ellas y ellos sin temor a ser opacado por sus largos resplandores, pues él sabe muy bien que posee luz propia y presencia para construir un discurso compartido y al mismo tiempo personal hombro con hombro con cada uno de estos poetas. Ése es uno de los mejores logros de este libro. Los entendidos le llama a esto “intertextualidad”.
Por otra parte, decía Jacques Lacan, uno de los últimos renovadores del Psicoanálisis, que todas las personas en algún momento somos “objeto del deseo del otro”; un deseo, al decir de Gonzalo Rojas, consecuencia de las privaciones. O mejor, en palabras de Tulio Mendoza Belio (fragmento del poema “El Capitán Yonoi piensa en Madonna” (p.21):
“No hay nadie, el gozo eres tú
y sólo la penumbra perfila un rostro
mientras se endurecen tus pezones
y la seda late azul sobre tu pecho.
Cómo olvidar las lecturas de otro tiempo,
cabizbaja, te preguntas. Entonces,
alguien clava en tu espalda una mirada
repentina, entusiasta, tentadora.
Tú, sin temor, abres las piernas con una tierna sonrisa...”
¿Y el amor? ¿Qué es el amor sino el deseo del otro, del cuerpo del otro? Dice Tulio: “El amor comienza por un cuerpo” (p.30) y en “Poema de la espera” (p.31), añade:
Espero un cuerpo como quien espera algo
que está a punto de suceder,
un cuerpo que conozco y me busca y es terrible
porque esplende su belleza
y hace hoguera en la dulzura de perdernos.
(fragmento)
Por supuesto, como dice Aurora Luque, “el cuerpo amado nunca/ es solamente un cuerpo.” Siempre hay algo más. Y Tulio lo busca y lo encuentra en otras formas y estados:
a) Como sinónimo de poesía (p.14)
ACTO DE AMOR
“La palabra se levanta
de la página escrita.”
Octavio Paz
Tu cuerpo
es un acto de escritura,
una serie de signos
que descifro
con mis dedos cada día.
b) Como objeto de la mirada del poeta voyerista (p.19)
TRACTATUS DE AMORE
Mientras escribo,
has puesto la boca entre sus piernas:
“Ella viene de una ciudad
cuyo nombre desconozco.”
Sientes, ahora, vellos y músculos
rozar tu cara,
mientras digo: “La ciudad
cuyo nombre desconozco
tiene una fuente.”
Has tomado entre las manos
la tibia humedad de su sexo:
mientras lo sientes latir
con tus ojos cerrados,
ella se baña en la fuente
de una ciudad cuyo nombre desconozco.
c) Como espera del cuerpo que no llega (p.22, fragmento):
Ya no importa si en tu ausencia
me ofrezco un destierro bajo manos enemigas,
no importa que no llegues,
que no venga tu cuerpo
a calmar como sabe mis ansias,
me basta la espera,
d) Como sinónimo de belleza (p.23, fragmento):
Conozco el brillo y el encanto, la piel
expuesta bajo lámparas antiguas,
todo lo que agita la Belleza.
Por ella y en ella se nos va la vida,
como tigres tras la presa, a saltos,
hasta que jadeantes temblamos,
mojados en un rincón, desnudos,
ya distantes, pero tiernos y dichosos,
a esperar que otra vez el tiempo
nos permita disponer de la tormenta.
Finalmente, quiero destacar cómo Tulio no sólo dialoga con los grandes de la poesía, sino que también a veces recrea un mismo procedimiento. Me refiero al caso específico del Canto V de “Altazor” de Vicente Huidobro, donde este poeta aplica la técnica de la enumeración para amplificar la imagen del molino de viento. Tulio hace lo mismo con el tema de los labios, esa zona erógena del cuerpo que es la puerta de entrada a los goces más profundos (fragmento del poema “Labios”, p.54):
Labios contigo
Labios conmigo
Lengua en los labios
Dedo en los labios
Sexo en los labios
Pies en los labios
Labios húmedos
Labios trasnochados
Labios con olor a ti
Labios con olor a mí
Labios que imaginan
Labios subterráneos
Labios y clítoris
Glande en los labios
Basta, ha llegado el momento de que vosotros entréis, sueltos de cuerpo y desnudos de prejuicios, a esta “hermosa materia” y yo, antes de que se agote vuestra paciencia, cierre mis propios labios.
Luis Agoni Molina
Rancagua, 09/11/2005, Salón de la Gobernación Provincial de Cachapoal.
EN TU HERMOSA MATERIA
Palabras de presentación de Ariel Fernández al libro En tu hermosa materia
del poeta Tulio Mendoza Belio
Casa del Escritor, (Sociedad de Escritores de Chile (SECH), 2005.
Al desflorar las páginas de este libro, Tulio Mendoza Belio nos ofrece su cuerpo-palabra, destilado en el aire nocturno donde la belleza es el afrodisíaco sensual del poema. Para ello el poeta vive su traslación más honda, porque la palabra como el cuerpo es inmortal, por cuanto toda referencia antropológica es una ecuación estructuralística del hombre.
La exacta dimensión tonal que imprime al proceso poético, lo trasciende con la misma rigurosidad artecheana, unida al decantamiento de la voz textual: palabras, acotaciones intertextuales, deseos, que son los límites donde el metalenguaje se revela a través de la realidad y los sueños.
La palabra se agita, conmueve nostalgias, acrecienta las huellas, cicatrices en el aire de la respiración de las miradas; se sensibiliza en la memoria de su propia piel. Es carne doliente, deseo que sustantiva; por eso dirá que “la noche es larga,/ falta sudor para que amanezca.” (p.17) Es el instante para que surja el poema, para que beba la sangre de su propia otredad.
Según Lo Duca: “El erotismo reina cuando puede ser sugestivo o alusivo, y llega incluso hasta la obsesión”. Por su parte, Georges Bataille, parodiando unos versos de Rimbaud, dice: “La poesía lleva al mismo punto que cada forma del erotismo; a la indistinción, a la confusión de los objetos distintos. Nos lleva a la eternidad. Es el mar unido con el sol.”
Así como el Renacimiento descubre al hombre-cuerpo, Tulio Mendoza Belio lo percibe como referente esencial de la vida: “Cuerpo el poema, cuerpo la palabra/ cuerpo, cuerpo la noche del sentido/ en que llegan a mi cuerpo sonidos/ como por obra de un abracadabra.” (p.13)
Cuando el poeta rezuma esperas, dirá desde el fondo de toda soledad: “Y llegará la noche en pos de la batalla./Pero antes, mira lo que sueñas:/ acabas de beber una copa (ya lo sé, licor de cerezas),/ y ajustas tu falda en medio de la fiesta.” (p.21) Está yendo a las propias raíces árabes-españolas, recordando a Ben Hani de Elvira desde aquel Collar de la Paloma, que dice: “Nuestros lechos sirvieron de vestidos para nuestro vino y/ para cubrirnos, la tiniebla rasgó sábanas de su piel./ De corazón a corazón se acercaba el amor; de labio a labio/ volaba el beso.”
En “Imagen del poema que no fue” (p.65), hallamos las claves de una ética de la belleza que se formula en el placer de morir del gran escritor Kimitake Hiraoka (Mishima). Tulio Mendoza Belio nos dice:
“Vendrá el sábado después de un viernes de vigilia,/ saldré de mí/ y ya del otro lado del espejo, sin forma ni color,/ veré lo que no fue: nadie/ nadie borrará la cicatriz,/ porque siempre vendrá el sábado a desvelarme el sueño:/ así mi cuerpo no dejará nunca de caer.”
Es así como el poeta nos dice en esa “En tu hermosa materia”, que venimos al mundo con algo recóndito que vive en nosotros y que es el muro del lenguaje. Si estamos demasiado sometidos entonces llegamos a hablar; pero no salimos del lenguaje. Es el instante en que se impone la fuerza muscular de la materia poética y así crear, igual que Mishima, un cuerpo hermoso para un cadáver hermoso.
Esa es la obra de arte que aguarda felinamente al que perturbe su sueño de eternidad; cuando lo interrumpa nacerán los fantasmas olvidados; sonarán armonías desconocidas y el poema revelado será un acto transgresor como la separación de la luz de las tinieblas, que toda creación conlleva.
EL CUERPO VS. EL CUERPO AMADO (p. 40)
Si al cuerpo, y ya después
de noches y de días, de tiempo
transcurrido, deshecho, evaluado,
le das un nombre, le otorgas
una dicha, un lugar, una sombra
de luz, de cama, de estar contigo,
y lo transformas, entonces, en otro cuerpo
que de materia o tacto o peso
pasa a ser forma que emociona,
palabra sentida, objeto significado,
ya puedes ir a dormir tranquilo
y repetir en tu sueño
con la solemnidad de un romántico
libresco y libertino,
lo que Aurora Luque
sentencia en un poema:
El cuerpo amado nunca
es solamente un cuerpo.*
__________
*Del poema “La leyenda del cuerpo”
de la poeta española Aurora Luque (Almería, 1962).
A lo que podemos parafrasear diciendo: el cuerpo amado nunca es solamente poesía.
Mishima afirma que “Las palabras corroen el cuerpo... busqué otro lenguaje... El lenguaje de la carne es la verdadera antítesis para las palabras... Los músculos son a la vez fuerza y forma, y este concepcto de una forma que envuelve a la fuerza es la síntesis perfecta de mi idea de lo que debe ser una obra de arte.” De allí que el poeta sublima “En tu hermosa materia” el concepto con la forma; lenguaje de la carne en su vivencial significación; y la forma envuelve la fuerza muscular en el código lingüístico que lo comunica: “Tu cuerpo/ es un acto de escritura,/ una serie de signos/ que descifro/ con mis dedos cada día.” (p.14)
Me imagino y me sorprendo al terminar de leer este sensible y penetrante poemario. Tulio Mendoza Belio nos ha invitado a ese fascinante acto ritual Otachimachi, donde los japoneses permanecen sobre el césped cubierto de rocío, aguardando la luz de la luna. Cuando lo vuelvo a ver, al cerrarlo, íntegro en su misteriosa privacidad, en su más ardiente ensueño, se transforma en mis manos y lo leo convertido en una vasija de ciprés con agua, donde la luz de la luna navega singlando los movimientos de mi mano. Es el instante en que no hay que mirar la luna sino su imagen; ella nos enseña la unidad entre el mundo real y el imaginario; es la frontera al borde del cuenco donde termina este mundo y empieza el otro. El oráculo nos dice que habiendo atrapado a la luna, la vida sería insoportable en un mundo sin ella, y el alma, al hundirse con la mirada en el agua de la vasija iluminada mágicamente por la luna, “brillando como una mariposa de oro, quede prendida en las redes del misterio.”
Yo invito a entrar al aposento de esta “hermosa materia”, donde percibirán las palabras como tibias caricias en la imagen flotante de infinitos espejos, ofreciéndoles la “cicuta virgen en la copa del relámpago.” (p.63)
COMENTARIO DE EN TU HERMOSA MATERIA
POR JORGE CID ALARCÓN
Introducción
Entré EN TU HERMOSA MATERIA seducido por una costumbre antigua: habitar la casa de un idioma particulado en la belleza de sus signos. Gané la obra como quien accede a ciudad familiar, mala cosa en mi voluntad de exégeta. Quise yo entonces desconocer el conocimiento de esa poética, de esa lengua de pequeño habitada para reconocerla en su diferencia y todo su desborde, toda esa intensidad de dignidad y secreto tiento.
No podía yo asistir una valoración certera porque esa lengua me había formado y en los intersticios de mi labia ya eran cristalizadas las formas que eran herencia del continente Tulio: vasija y territorio.
Pero de tareas de trasnoche y fuerzas en las que se desconoce el dolor fue templada esa escritura y ese selecto ardor me fue traspasado al afán de una lectura nueva donde yo ya no era el discípulo, sino el testigo de la epifanía.
Desarrollo
EN TU HERMOSA MATERIA, es la palabra erigida en nombre del fino amador, que noctámbulo y nictálope sale en busca de una presa metafísica, de una fascinación de tientos en ese extrañado cuerpo compuesto de espera, de ensoñación y de presentimiento; de entrega, latido y extáticas hondonadas. Atestiguamos la emergencia de un cuerpo idiomado, el idioma corporalizado. Sucede un cuerpo desasido: el cuerpo deseado. Un cuerpo que se rememora, que se supone, que dulcifica la penuria de la corrupción que avanza, convirtiéndola en una mera anécdota ajena al quehacer de deseante.
La cadencia con la que el texto va seduciendo a su receptor es el ritmo de una seducción inteligente. Se recibe y tienta al lector menesteroso, con una hostia dulce, llana, la que recién comulgada lo conduce hacia un viaje que reviste mayores exigencias y, por cierto, la subyugación y compromiso con esta estética. Tal razón permite que este corpus poético no sume lectores, sino cómplices.
El gran hallazgo de estas palabras dichas no es, solamente, movilizar una poética certera y luminosa por medio del otorgamiento de voz a los personajes del cine mudo de la vida, sino que (parafraseando a Bataille) es la constante y unívoca aprobación de la vida incluso hasta en la muerte que, en este texto, se despliega, determinando así su naturaleza erótica. De tal modo es cómo recibimos el bálsamo de la inmortalidad. No hubo el perdón en la voz de nuestra progenie, no nos lo dieron las dichas iglesias: “Quién dijo que todo está perdido” es el nombre que nos absuelve de nuestra condición mortal. Ora somos libertos.
Mientras la tradición de la conveniencia, o la convención de la coerción ante lo que nos aterroriza (los movimientos eróticos) nos deja avergonzados bajo las tapias de una concepción inmaculada, esta poética nos salva, pues inaugura un escenario de vida nuevo, donde se limpia de las preconcepciones relegadoras y abstrusas al cuerpo y su quehacer, a la “tarea divina de santificar el gozo”. Se nos presenta por tanto un mundo nuevo, (y aquí la magia y el logro de este aedo) pero instalado en nuestro propio devenir postmoderno, recreado por medio de las sinnúmero referencias culturalistas. Gracias a este procedimiento, este decir, no cae en lo utópico. En ello radica la esperanza, ahí la redención.
¿El deseo será, como afirma Mendoza Belio, “la suma de nuestras privaciones”? Posiblemente lo sea, al menos en un porcentaje significativo, pero no totalmente. Hay sugestiones ofrecidas a nuestra percepción que configuran otras rutas atávicas a nuestras añoranzas. No solo lo que no tuvimos nos forma. El deseo también es una operación de abstracción, un querer elidir algunos matices, un querer vivir otros colores. En él somos libres. El ser deseo no es sólo deberse a una circunstancia.
La hazaña susceptible de admiración es que estos poemas nos hacen partícipes de la empresa de buscar algo más bello que el Cristo de San Juan de la Cruz, que es un Cristo, que es ese Cristo, pero además todo lo que nos antecede y supera en prestigio. Quizá ese sea uno de los apetitos más ilustres del poeta (de este poeta) el hecho de gozar la catadura de sueños.
Mixtura de margen y canon generan la tesitura nueva, el estilo Tulio, un verbo que enciende con susurro manso que, como una leve barcaza en la lejanía, se hace visible por su estela, a contracorriente.
POETA TULIO MENDOZA BELIO
Y EL ÁUREA ESPLENDENTE DE LO CORPÓREO
por Alberto Carrizo Olivares
Miembro Correspondiente Academia Chilena de la Lengua por Iquique
Al recibir el libro de poemas EN TU HERMOSA MATERIA, del premiado escritor chileno Tulio Mendoza Belio y ver que en su portada estaba el Cristo crucificado de Dalí, ascendiendo en la hondura del cosmos absoluto, con sus brazos iluminados desde más arriba del gran y profundo misterio de la fe, intuí lo que venía como corpus reflexivo de un poeta que nos gratifica en cada aparición. Y no resistí la tentación de buscar, inmediatamente, entre la miscelánea de mi biblioteca, aquella frase sentencial del Papa Gregorio Magno (590 d.c.): “El cuerpo es el abominable vestido del alma...”, pues el título de la obra de Tulio, ya presagiaba la transparencia de aire-contenido, como misiva abierta, en estos tiempos en que la ética de muchos sigue sobreviviendo con la trampa existencial de la hipocresía.
Y el poeta tenía razón. Su argumentación no sólo invalida aquella oscurantista cita aludida, sino que tuvo el asidero académico de citar a casi veinte poetas (muchos de talla universal), sin perder en absoluto su identidad de creador lírico, sino que, por el contrario, transformarse en reconstructor de contenidos líricos mediante eslabonamientos conceptuales, epígrafes redondos, reduplicación de motivos escondidos y por añadidura, construyendo una cierta arquitectura de argumentación que, siendo lírica, se encumbra a espacios éticos y antropológicos. Y el libro se torna en alegato imbricado, de tal modo que llega a una propuesta digna de ser leída, más de una vez, pensando en los espacios subrepticios que ha tenido la ética con cierta veda de contenidos esenciales.
Tulio Mendoza Belio dice en la solapa de su obra que es un “transgresor”. Y tiene razón, pues el artista que es capaz de alzar vuelo sobre la contingencia disfrazada, resulta ser, en esencia, un gran elucubrador, un desmantelador de la imaginería ritual que encubre zonas elusivas del pensamiento. Y de creador lírico llega a la ingeniería de la propuesta estética, con sus cargamentos aledaños.
El universo de la obra, prueba además un depurado esteticismo que refuerza y prueba el de los autores citados. Inicialmente, un planificado y ardoroso anuncio nos dice: “Te empeñas en buscar la buena nueva/ que anuncie de algún modo ese destello/ que destape el oído de los sordos...”. Y como preparando al lector, despliega su hablante resurrecto: “...no existe el Pecado/... sólo una flor...”. Pronto viaja al intimismo surrealista donde funde elementos asociados en suspensión: “...Una botella de vodka a media luz/ se derrama entre los senos y la rosa...”. El manejo metafórico es excepcional para formular lo existencial dentro de un supuesto “confutatis”: “...ese obstinado afán de ser tan sólo/ un haz de luz perdido en plena fiesta...”. También utiliza imágenes resumidas que se subentienden por asociación y que en el lector provocan síntesis: “...la pluma muerta/ de un pájaro lleno de tinta: escribe la luz...”. En la descripción de lo citadino, le basta mencionar algunos elementos para recrear una atmósfera alucinante: “Cómo aconteces quemándote, ciudad tristísima/ lagarto de oro verde que bosteza muñecas/ de pezones carcomidos...”. En las construcciones de símiles hay acierto total cuando cuando enlaza elementos diversos para resumir, en abstracto, un paisaje: “...dos espejos luminosos se desangran/ bajo un árbol de mercurio...”. El poeta ofrece en suma (respecto de figuras), conexiones semánticas de alto grado, sobre todo cuando hay enumeraciones aparentemente desvinculantes; la intertextualidad surge con propiedad de oficio académico.
Tulio Mendoza Belio, entre lenguaje coloquial -a ratos- y el culto que equilibra la obra, va dejando los rastros de su propuesta estética que surge como horizonte emocional. Asume llanamente: “...la tarea divina de santificar el gozo...”. En el poema “¿Quién dice que todo está perdido?” (Fito Páez), retruca en cierta medida al autor del título mencionado, cuando afirma: “...el amor comienza por el cuerpo...”, “así belleza y decrepitud/ los contrarios que se atraen...”, “...para lograr que la noche tarde/ en abrir los ojos...”. Audacia desmantelando la pacatería. Pronto dejará “en trance” a más de un lector cuando defiende la naturaleza antinómica de una idea convertida en categoría ética: “Con su cara de ángel, la inocencia corrompe/ en su naturaleza escarba el alacrán su rayo poderoso...” Y si avanzamos, leyendo, en densidad de lo convencional, Tulio atreve: “Como se rememora la dicha/ cuando es pública e insolente y pone una raya en el muro intacto...”. Sorpresivamente, el hablante lírico victimiza su postura temporal en desdoble: “...esta soledad que me guiña desde el otro lado y en silencio...”. También, con propiedad, no exenta de juego, resuelve líricamente la obviedad del acto cotidiano: “...alguien acaba de irse/ para dejar su cuerpo en otra parte...”. Y culminando su alegato, orilla lo filosófico, volviendo a su propuesta: “hermosa materia” (devenida de una cita de Luis Cernuda) vierte en multiplicidad emocional y descriptiva una prosa lírica para el descubrimiento: “...supe para siempre la consagración del instante...”. En ese punto más alto del leit motiv, me pareció sentir la sombra del genial Jorge Luis Borges que le guiñaba el ojo, a plena luz de su penumbra física, asintiendo.
Tulio Mendoza Belio, poeta chileno, deja sus fantasmas culturales (todo poeta los tiene), sin abandonarlos suspendidos; en la homologación los invoca como testigos claves para construir toda la lograda ingeniería que deja obnubilada la anacrónica visión del Papa Gregorio Magno y que a milenio y medio de distancia, aún algunos mantienen como supuesta y monacal excusa de guerra doctrinal.
Tulio Mendoza Belio es, ya, uno de los adelantados en este milenio generacional y presencia de arraigo en la literatura chilena. Y asoma con múltiples raíces de estudioso, desentrañando vertederos de nuestra lengua en el habla continental.
Septiembre, mes patrio, casi primavera, en Iquique, Chile, 2006.
POR ESTOS DESALOJOS DEL ALMA
Recepción de Tulio Mendoza Belio en la Academia Chilena de la Lengua
Concepción, 20 de abril de 2007
por Alfredo Matus Olivier
Director Academia Chilena de la Lengua
Una vez más, la Academia Chilena de la Lengua sesiona en Concepción. Ya va siendo un lugar común, ya va siendo también un tiempo común, el tiempo de los desalojos del alma. La Universidad de Concepción nos recibe una vez más, en sus venerables espacios, con hospitalidad fina y sin reservas. Para estos, sin reserva, desalojos del alma.
Han sido, en los últimos tiempos, lingüistas de fuste los que se han sumado a las premoniciones de la Academia. Hoy lo hace, con todo su cargamento de transfiguraciones, un poeta mayor, un poeta originario, un poeta de autoctonía de la palabra, la única, la severa, la que “dice” el mundo, la que “nos” dice. La poesía no puede sino ser mayor, originaria y autóctona, anunciante. “La Poesía – ha escrito este poeta- me es necesaria como unas piernas húmedas tendidas sobre la arena caliente. Vivo en poesía como un beso rojo que enciende su lengua en la mitad de la noche”.
Decir que la Academia se regocija en este instante no es decir nada. La Academia renace ahora, una vez más, en su perpetuo constituirse con estos renuevos que la reverdecen. Me gusta la palabra pámpano con su semántica, “sarmiento verde, tierno y delgado, o pimpollo de la vid”. Me gusta la palabra pimpollo, de pino y pollo, pino nuevo. Me gusta la palabra vástago “renuevo o ramo tierno que brota del árbol”. Me han pedido estos días que apadrine tres palabras en peligro de extinción. Campaña ingenua, romántica, he dicho, que encabeza el presidente del gobierno español, y que aplaudo por lo que conlleva de preocupación por nuestra lengua materna. Pero inútil: no es así como se “enriquece el vocabulario”, no es así como nos enseñoreamos de la palabra. Mientras haya poetas poetas no habrá palabras en peligro de extinción. Sí, me gustan las voces de origen árabe. Almadraba y almazara deslumbran en sus contextos populares entre atunes y aceites. Pedregal me encanta. Parronal… A las semilla no les gusta viajar, sino dormir, y no germinan inmediatamente después de haber caído de la planta. A eso llaman dormición, y es palabra que me alucina, cuando en la tradición ortodoxa se habla de la “dormición de la Madre de Dios” para referirse a su tránsito. Todo esto me resulta hermoso. Pero más hermoso y gloriosamente anunciador me resulta cuando ingresa un poeta poeta a la Academia, como acaece en esta tarde.
Hoy lo hace Tulio Mendoza Belio. Poeta, escritor, gestor cultural, editor ejemplar (ahí están las ediciones Etcétera, semillero de escritores), penquista de Rancagua, abierto de par en par al arte, a la pintura, al violín, al tango. Se nos incorpora con todas sus “ventoleras” como se nos incorpora, en cada poema, el gran Gonzalo Rojas. Se nos allega, no como allegado, sino en plenitud, con una larga, enorme, lista de “merecimientos”. Ya lo oiremos de parte de Ernesto Livacic, quien lo recibe. Pero a mí, en lo personal, y no queda más remedio que ser personal, con perdón, …a mí me basta con la lectura de un poema, en que, como en todos los poemas de Tulio Mendoza, como en esa espléndida, material y éticamente gozadora, de gozaduría exquisita, obra de 2005, En tu hermosa materia, hay mucho cuerpo, como en gran parte de su escritura, en que Eros y Thánatos (¡cómo estás presente Fernando González Urízar!) ocurren nuevamente con renovado enfrentamiento discursivo. “¿Cómo quieren que se recuerde su obra?, le han preguntado. Y el poeta ha dicho: “Como lo que es ella misma, una celebración de la vida contra la muerte, una moral del placer (que es el tiempo de la dicha y la utopía) contra el oscurantismo y el frío”. En Arte poética nos interpela:
Cuerpo el poema, cuerpo la palabra
cuerpo, cuerpo la noche del sentido
Como en todo poeta poeta aquí la intertextualidad retumba, tanto la explícita como la implícita. Porque la gran poesía no es más que una delicada urdimbre de resonancias, refundiciones, paráfrasis. La poesía de Tulio Mendoza esplende en evocaciones reprocesadas, enfrentadas en feroz lucha, expandidas, “sumarizadas”, por decir lo nuevo. Aquí emergen, a través de epígrafes, ecos y guiños, los murmullos de Scarpa, de Gonzalo Rojas, cómo no, de Virginia Wolf, de Safo, de Octavio Paz, de Verlaine, de Rimbaud, de Cernuda, de Lihn, de Marguerite Yourcenar, de González -Urízar, cómo no. Y claro que está el “cuerpo cuerpo” de Gonzalo Rojas:
¡Ay cuerpo,
quién fuera eternamente cuerpo!
(Fascinación)
Estaba viendo el puterío por la TV, los cuerpos
de las cuerpas ahí, a un metro
(La zalagarda)
Tulio Mendoza Belio. Poeta, escritor, editor, gestor cultural, profesor universitario, traductor y un extensísimo etcétera. Pero a mí me basta con un poema que ha iluminado una tarde incierta. Me basta con el poderío verbal de un poema, en que se descalabra con majestad el idioma. Tartamudeo. Está naturalmente el contrapunto intertextual explícito con Gonzalo Rojas. Lo dice su advertencia: “Paráfrasis de “El Fornicio” de Gonzalo Rojas”. Ocurre limpia la estructura agramatical de Rojas: “te turbulentamente besara”. Pero hay mucho más, muchísimo más. Hay tartamudeo, no sólo el tartamudeo latente de todo poeta, sino el silabeo patente, explícito en la materialidad del poema. Acaso la poesía no sea más que un paciente oficio lingüístico parafraseante y tartamudo…
Te me fueras invertebrando sin tregua
en el combate hasta te desaparecer,
te me súbitamente fueras perdiendo
pajarita entre las sábanas
que debiera te llorar
…
me tan tan sosolo dejaras que
que que tutuviera que te grigritar.
Y con esto me basta. Tulio Mendoza Belio hace a la ciudad, hace a Concepción, la hace inédita y no dicha. Por estos desalojos del alma, porque renuevas la ciudad poética con nobleza, con rigor, con ética, te invitamos a la Academia Chilena de la Lengua, siempre en trance de renovación, como la lengua misma que no es más que un puro desalojo del alma.